HISTORIA DE UN RETO

By Mireia Bayarri de Love Sport

No sé si sois corredoras experimentadas, habituales o nuevas. Tal vez estéis en ese punto por el que todas hemos pasado. Cuando un pensamiento callado te reta ¿y si empiezo a correr? ¿por qué no?

Si os encontráis justo ahí la respuesta es sí, por supuesto, adelante. Buscad cualquier punto que os pueda servir de inspiración para poneos manos a la obra y trazad un plan de salidas con prudencia. No vale darse el atracón y dejarlo a las pocas semanas. Planteaos andar-correr durante varias salidas e ir subiendo ritmo y kilómetros según vuestras sensaciones. Compraos alguna prenda que os sirva de motivación y por supuesto conseguid unas buenas zapatillas, esto no es negociable.

Y si además tenéis la oportunidad y podéis combinadlo con sesiones de fuerza en el gimnasio, a los pocos meses comenzareis a sentir los beneficios. Prefiero que pensemos en estos antes que en resultados. Porque lo que vais a experimentar es un chute de fuerza en toda regla. Una carga de energía brutal y una sensación de bienestar infinita.

Justo así comencé yo. Siempre me ha gustado hacer deporte al aire libre y vivo en una ciudad que lo permite la mayor parte del año. Tengo el mar en la puerta de casa y la montaña a muy pocos kilómetros.

Me costaba correr cinco kilómetros sin que el flato me dejara cao. Me compré unas zapatillas y un par de shorts a juego para que la actividad me resultara más atractiva y aguanté hasta engancharme. Todavía recuerdo los tiempos en los que correr y hablar a la vez para mi era algo inviable e inalcanzable. Y aquí estoy algunos años después de aquella decisión . Orgullosa sobre todo de aquel pensamiento que me invitó a correr y que de alguna manera se ha convertido en uno de los hilos conductores de mi vida.

Tal vez porque para mi correr y las situaciones que conlleva tenga símiles a cualquier situación que se nos presenta en la vida. Tal vez sea justo por eso que se ha convertido en mi refugio, en mi vía de escape. Porque me mostró el camino cuando estaba perdida. Después de tener que poner fin a una etapa laboral en la que había sido increíblemente feliz me sentía noqueada. Así que me aferré a lo que más feliz me hacía por aquel entonces, correr.

Cuando nació mi hija Valentina esperé un tiempo prudencial para echarme a la calle de nuevo, ansiaba el momento. Durante el embarazo a menudo soñaba con ese instante en el que me volvería a calzar las corredoras, me imaginaba a mi misma saliendo de casa sin nada más que lo puesto, sin rumbo claro, con mi reloj y mi música a dejarme llevar a sentirme fluir.

Y si tengo que ser sincera, no fue nada fácil. Ni la abstinencia durante los meses de embarazo y post parto, y muchísimo menos la vuelta. Confieso que la primera carrera que hice después del nacimiento de Valentina fue de ocho kilómetros y la sufrí infinitamente más que el maratón de este año. Pero sabía que era clave, el punto de inflexión entre el aquí lo dejo y el aquí sigo. Os prometo que me siento infinitamente más fuerte tanto física como mentalmente e increíblemente feliz de estar en este punto.

En los últimos tiempos me he hecho mayor deportivamente hablando. Mis piernas se han enfrentado a muchas carreras, entre ellas; cinco medios maratones de asfalto, un maratón, varios trails y un medio maratón de montaña. Y por supuesto muchos entrenamientos en solitario y también bien acompañada. Correr me ha permitido conocer a personas increíbles, pero sobre todo me ha ayudado a conocerme mucho mejor a mi misma. Se dónde están mis límites, mis puntos débiles y lucho con ellos, nunca contra ellos.

Cada domingo cojo la agenda y marco los entrenamientos de la semana. Siempre planifico lo que voy a hacer en función de si tengo objetivo a la vista. En cualquier caso el gimnasio es fijo un par de días a la semana. Intento hacer un par de salidas cómodas por asfalto y otra por montaña el fin de semana. No siempre cumplo con la planificación, pero lo intento. No es necesario que la tengáis, el simple hecho de correr cuando os apetezca es realmente lo bonito.

Pero el progreso como todo en la vida conlleva objetivos y estos sin una mínima planificación se vuelven complicados y mucho más duros. Buscad vuestro objetivo y luchar por él. Pero sobre todo, disfrutad del camino. Del canto a la vida, a la libertad y a la independencia que supone correr.

Así empezó todo, como un reto y ahora no puedo dejarlo. Os deseo como mínimo lo mismo.

Para mi correr no es un deporte se ha convertido en un estilo de vida.